El guitarrista de Thin Lizzy salvado de la heroína gracias al golf: “Me concentraba en la estúpida pelotita”

Pablo Baule

Scott Gorhman, guitarrista de Thin Lizzy, explica cómo el deporte le ayudó a salir de la droga

En una nueva entrevista con Classic Rock (vía Ultimate Classic Rock), el guitarrista de Thin Lizzy, Scott Gorham, ha explicado la importancia que tuvo el golf a la hora de conseguir escapar de las garras de su adicción a la heroína.

“Creciendo, no dejaba de meterme en problemas”, relata el hacha. “Estuve en la cárcel del condado de Los Ángeles durante cuatro días y era el puto sitio que más miedo daba de la tierra. Así que, cuando tuve la oportunidad de irme a Londres vi la posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva. Nadie sabían quién narices era, así que podía ser un tío totalmente distinto. London me dio una nueva oportunidad en la vida”.

Una de las primeras lecciones que el músico aprendió en su juventud está bien clara: “No le vendas drogas a la policía”. “Parece obvio, ¿verdad?”, dice el guitarrista antes de hablar de su propia experiencia. “Un día festivo fui a Nuevo México con mis amigos y nos quedamos sin dinero para gasolina para llegar a casa. Alguien, entonces, dijo: ‘Lo único que tenemos que hacer es coger un trocito del hachís que tenemos y venderlo’. Un tipo vino y dijo: ‘Oye tío, ¿tienes algo?’. Y yo le contesté: ‘De hecho sí’”.

“Resultó que el tío era un puto policía. Estuve tres días en la cárcel y me quisieron meter de dos a cinco años entre rejas. Fui a juicio, pero el tío de mi abogado se encontró con el juz, le pagó 4000 dólares y salí libre”.

Sin embargo, esto no fue lo único de lo que se tuvo que salvar Scott ni el único método que le ayudó a salir indemne.

“El golf me salvó el culo”, dijo Gorhman sobre su experiencia con las adicciones a medidados de los ’80: “Cuando por fin decidí dejar la heroína, el tipo que estaba conmigo para cuidarme vio como de aburrido e irritable estaba, así que me dijo: ‘De niño, ¿tenías algún hobby?’. Y yo contesté: ‘Mira, solía ir a un campo de prácticas y golpear pelotas de golf’. ‘Okey, pues vamos a hacer eso’. Recuerdo concentrarme tanto en la estúpida bolita que durante un par de horas me olvidé de toda la mierda que estaba pasando. Salí de nuevo al día siguiente, me hice con mi propio set de palos y desde entonces nunca he mirado atrás”.

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