Mick Mars no volverá a hablar con sus ex-compañeros de Mötley Crüe: “Todos estamos de acuerdo”

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El que fuera hacha de Mötley Crüe se sincera sobre su salida de la banda

En una nueva entrevista con la revista Rolling Stone (vía Blabbermouth.net), el que fuera guitarrista de Mötley Crüe, Mick Mars, se ha sincerado sobre su salida del conjunto californiano, explicando que la última vez que tuvo una conversación con sus antiguos compañeros fue en el estreno de la película ‘The Dirt‘ en 2019.

«Nadie me habló en 2022 durante la gira ‘The Stadium Tour’. La mayor parte del tiempo sentí que estaba tocando solo. ¿Sabes cómo puedes estar entre una multitud de gente y aún así sentirte solo? Así me he sentido durante toda la gira. Me sentía utilizado, triste e inferior. Cuando tocamos el último concierto en Las Vegas el 9 de septiembre de 2022 me sentí aliviado. Gran parte de la presión había desaparecido. Pero estaba muy herido emocionalmente. No eran heridas superficiales. Eran profundas; de las que no te puedes reponer».

Mick espera no tener que volver a encontrarse cara a cara con sus antiguos compañeros de nuevo: «Creo que a todos nos parecería bien«, dijo. «Y no me refiero sólo a mí con ellos. Me refiero a ellos entre sí. No pienso hacer un funeral. Si lo hiciera, creo que quizá se presentarían por cortesía. Pero para mí, no hay funeral. No hay nada».

«En ocho años estaré muerto»

Mars ha afirmado, en la misma charla, que estará muerto de aquí a ocho años y ha desvelado dónde quiere que se depositen sus restos mortales.

El guitarrista ha afirmado que quiere ser incinerado y que sus cenizas se viertan en un lugar de lo más particular: «Quiero que me suban a un avión y me dejen caer en el centro del Triángulo de las Bermudas. Quiero que la gente pueda decir: ‘Mick Mars está perdido en el Triángulo de las Bermudas'».

Mars afirma que, a sus 72 años, ya es “lo suficientemente viejo”: “No voy a vivir hasta los 85 o 90 años, lo presiento. Yo tampoco quiero hacerlo», afirmó. «Mi cerebro no quiere que este cuerpo feo y jodido siga funcionando. Ojalá pudiera sacar la información de mi cerebro, ponerla en un chip e introducirla en otra persona, o en un robot. Todavía hay muchas cosas ahí arriba».

Su enfermedad, sin embargo, le ha hecho lidiar con el hecho de su mortalidad desde que tenía 27 años: «Pensé: ‘Guay, ahora sé cómo voy a morir’. Pero no es esta enfermedad lo que te mata», afirma. «Provoca otra cosa que te mata. Rara vez llega a las manos o los pies. Eso significaba que podía tocar la guitarra, y eso era lo que más importaba».

En medio de la continua disputa con sus compañeros de banda el hacha vendió los derechos de sus canciones: «El acuerdo acaba de cerrarse. Ahora puedo relajarme y no tengo que preocuparme por nada, ya que, como he dicho, probablemente voy a vivir otros siete u ocho años».

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